Posteado por: wulfrano | septiembre 26, 2010

El Futuro.

Debido a que tengo algunos emails sin responder en los que me piden consejo de como salir adelante en el futuro en este rollo del TI, principalmente por mis posts anteriores en los que escribo de temas relacionados con SAP, y a que nunca me ha gustado hacer el papel de Dra. Corazón, he decidido escribir este post sobre mis impresiones y experiencia sobre como armarla en este oficio de las computadoras.

Es importante para esto que cuente mi historia personal. Antes de eso quiero aclarar que no se trata de un ejercicio egocéntrico y megalomaníaco por búsqueda de admiración. Solamente quiero mostrar los hechos y que uds. juzguen y tomen lo que puedan/quieran. Afortunadamente mis papás siempre me dieron el amor necesario, y ahora mi esposa y mi hijo me lo dan también, como para tener la necesidad de buscar aprobación/admiración de extraños para llenar mi ego.

Mi primera experiencia con una computadora fué una Commodore 64 que “El Niño Dios” me trajo, mi mamá en sus esfuerzos por eliminar la influencia gringa nos tenía terminantemente prohibido creer en Santa Clós. Fué así como fuí introducido al maravilloso mundo de las computadoras. En aquella época lo que hacía no era tan espectacular, de no ser por un libro que acompañaba el paquete que contaba de manera muy didáctica lo que eran esos aparatos y a que mi papá le dedicaba sus tiempos libres a programarla en BASIC, yo solamente la habría usado para sustituir el Atari. Y miren que lo sustituyó bastante bien que hasta los controles de éste eran compatibles con los puertos del Joystick de la Commodore.

Más tarde en la secundaria los Maristas, que no son tan malos pedagogos como mucha gente piensa, en su afán por actualizar sus programas de estudio y poner a sus alumnos a la vanguardia educativa tomaron la decisión de enseñar a sus pupilos a programar en GWBasic en lugar de las horrendas y tortuosas sesiones de mecanografía. Me imagino que ellos pensaron: “Total, son como máquinas de escribir con una pantallota”. Dado a las computadoras, en su mayoría eran XTs sin disco duro y supongo que los hermanos no sabían de la existencia de los procesadores de texto, no se les ocurrió mejor idea que ponernos a tirar código.

Ustedes podrán imaginar lo que resultó en los 90s de poner a programar en un lenguaje secuencial a una nueva generación de pubertos calenturientos. Un desastre por completo para el grueso. Pero yo me la pasé muy bien. Afortunadamente tenía las bases y la programación en GWBasic fué una habilidad casi nata para mí. Los programas que hacía llegaban al grado de multimedia en esa limitada tecnología; música, animación, ambientación e historia; con las temáticas que llamaban fuertemente mi atención en esos tiempos. Después de la admiración y respeto del profesor de cómputo y de ganar una buena cantidad de dinero para un preadolescente, comercializando copias modificadas de mis programas, llegué a la conclusión de que eso era a lo que tenía que dedicarme para ganarme la vida.

La decisión de estudiar ingeniería fué casi heredada. Mi abuelo se dedicó a la ingeniería civil al igual que mi padre, así que yo tenía por decreto familiar que ser ingeniero por la carga psicológica de llevar el mismo nombre. Solo dudé cuando me llamó estudiar para ser director de cine. Desafortunadamente, para mis aspiraciones artísticas y dado que mis padres me enseñaron a comer bien tres veces al día y estando convencido de que en mis condiciones en el oficio de cineasta solo me haría pasar hambre, la balanza se inclinó por la tecnología.

Las situaciones que hicieron que ingresara a la UNAM fueron casi accidentales. En aquella época mi familia estaba reponiéndose de la crisis económica de 1994, el efecto Tequila, y quizá para mi fortuna todas las opciones se redujeron a la máxima casa de estudios de México por el costo. Entrar a la UNAM fué mi despertar de “La Matrix”. El mundo no era solamente mi burbuja de clase-media católica-derechista empresarial-mexicana. Conocí gente diferente, valiosa e inteligente. Gente que ahora siguen siendo mis amigos. Gente que me enseñó y sigue aún hoy día enseñado. Goya.

El problema fué que debido a las carencias de la mentada crisis, la “huelga” que cerró la UNAM en 1999 por 9 meses y el nivel de vida al que estaba acostumbrado en mi infancia; yo solamente quería salir al mundo a ganar dinero. Y eso fué lo que hice. Dejé una carrera trunca en Ingeniería Eléctrico-Electrónica y me dediqué a aprender por mi cuenta lo que necesitaba para trabajar. Tenía experiencia previa en algunos empleos de verano haciendo labores de preventa de antivirus, en aquellos tiempos había pingües ganancias con las infecciones de computadoras que dieron hasta para que conociera el Valle del Silicio a mis tiernos 16 años.

El siguiente paso fué encontrar lo que estaba de moda y nadie entendía. Y eso era Internet. Después de mucho buscar conseguí empleo, por presentar un CV impecable gracias a las plantillas de Word, dando soporte técnico a los clientes de un startup que se dedicaba, en aquél ahora ya lejano año 2000, a informar y publicitar en el nuevo medio de las diversas empresas que eran clientes del negocio. Así aprendí como funciona Internet. El siguiente trabajo fué en el lugar en México en dónde se juntaba la crema y nata del Internet comercial azteca: Interplanet. Ese empleo lo conseguí por “programar” HTML. Ese lugar me marcó, como a todos los que trabajamos con Toño Quirarte.

Después de ir y venir por muchos años/trabajos en los que hacía el papel de “geek” armando sitios de campañas publicitarias en PHP reutilizando herramientas ya existentes y programando soluciones empresariales en tecnología ASP de Microsoft me dí cuenta de que había un mundo llamado SAP. Eso fué gracias al único sitio “decente” para búsqueda de empleo que existía en aquella época: OCC. Y me dí cuenta porque era el único rubro en el que los sueldos de TI que pagaban eran exorbitantes. La decisión fué instantánea. Tenía que aprender SAP. Eso aunado al hecho de que era tecnología germana y que siempre he sentido una extraña fascinación por todo lo alemán.

De nuevo la circunstancias fueron benévolas conmigo y logré lo que me parecía imposible con una carrera trunca de una universidad pública como la UNAM. Entré a trabajar a SAP. Y me costó mucho trabajo estar ahí, pero aprendí. Los corporativos son, en su mayoría, guaridas de huevones en sus niveles inferiores. Yo me esperaba encontrar puro genio con Phd. Y sí los había; pero, o estaban haciendo toda la “talacha”, termino mexicano que se refiere al trabajo pesado, o en los niveles superiores internacionales de la compañía definiendo los destinos de la misma.

Aprendí a base de golpes. El lenguaje y la actitud corporativa están hechos para que las cosas se ejecuten, no para cuestionarlas. Y hay personas cuya personalidad les funciona muy bien en esos esquemas. Con el tiempo aprendí a “darle la vuelta” y hacerme de un nombre. Ya no era Wulfrano el becario que “sabe” Java. Era el consultor que cuando las personas encargadas de colocar los recursos no sabían a quién asignar, inmediatamente pensaban en mi nombre.

Gracias a toda esa experiencia es que ahora soy la persona que soy. He logrado conseguir un nivel de vida más o menos estable y acomodado. Hasta tengo tiempo y recursos para asignar a mis pasatiempos y nuevas pasiones, como la fotografía creativa. Eso y una gran experiencia de la verdadera globalización por ser consultor son las cosas que me hacen estar satisfecho con mi profesión y mi carrera profesional.

El futuro es incierto. Siempre se pueden encontrar atisbos de por dónde irá la cosa. En la actualidad el rubro de TI empresarial está en una encrucijada en la que probablemente se definirá por la consolidación de proveedores que ofrecen soluciones integrales en todas sus capas. Y, dadas las circunstancias, es muy probable que SAP sea asimilado por un gigante como lo es IBM, que a la larga es su papá. Pero eso no quiere decir que todo está perdido. La verdadera decisión no está sobre que tecnología aprender/usar. La verdadera decisión no está en tener miedo a tomar la decisión equivocada, los humanos solo aprendemos por ensayo-error. La verdadera decisión es que aprendan a seguir y escuchar a sus instintos. La verdadera decisión, es salir de “La Matrix”.

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Responses

  1. Muchas gracias Wulfrano por contar tu experiencia,
    hay muy pocos como tú que se atreven a contar como sobrevivir en este mundo de las TI 🙂

    Que tengas una excelente semana y feliz Bicentenario
    ¡¡¡VIVA MEXICO!!!

    Rodrigo H.
    Chile

  2. […] Post es reciclado de mi blog personal y fue publicado el 26 de septiembre de 2010. Me interesa escribir […]


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