Posteado por: wulfrano | diciembre 23, 2010

Metro

Una de las maravillas con la que cuenta la ciudad de México es su sistema de transporte colectivo. Todo aquél que haya tenido la oportunidad de conocer el transporte público de otras ciudades, en México y en el extranjero, le queda claro que el Metro del DF no tiene nada que pedirle al de otras metrópolis. Incluso se puede decir que hay puntos en donde se distingue en comparación.

El Metro es la representación máxima de lo que significa ser Chilango (nativo o importado). La mixtura de todas las clases y niveles sociales con todos sus contrastes; la vendimia “de a 10 pesos le vale, 10 pesos le cuesta” de libros piratas, CDs, “emepetrés”, chicles y dulces, maravillas medicinales de la antigua cultura azteca, los “productos de alta calidad pone a la venta”, pasquines como el “Colectivo Machete” y gadgets de origen chino enfocados a las clases  populares que habitan esta ciudad; uno no puede dejar de maravillarse o dejar pasar de largo la rica experiencia que significa ser usuario del subterráneo, aunque elevado en algunos puntos.

Incluso la iconografía utilizada en el Metro para distinguir a cada una de sus estaciones es todo un caso de referencia para la semiótica, disciplina que estudia a los símbolos y su relación con su significado. Cuando se inaugura la primera línea del Metro, casi a finales de los sesentas, el nivel de analfabetismo era tan alarmante que las autoridades tuvieron que comisionar a un grupo de estudiantes y maestros de diseño gráfico la creación de diversos íconos representativos para cada estación con el fin de facilitar la travesía de los usuarios.

Salvo su presentación estelar como un personaje secundario en la hiperviolenta “Total Recall”; película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, dirigida por Paul Verhoeven y basada en un cuento del maestro de la ciencia ficción Philip K. Dick; nadie ha tenido oportunidad de plasmar al Metro en todo su esplendor. Para esta película se cambió el tradicional color del metro por un gris bastante opaco. Se usaron como locaciones la “futurista” estación Chabacano, toque que obtuvo después de una remodelación con la instalación de diversas estructuras de tridilosa y múltiples escaleras eléctricas, y la caótica estación Insurgentes, con todo y sus casi eternos anuncios espectaculares de Brandy Napoleón y Coca-Cola.

Arturo Ripstein en alguna ocasión intentó hacer una película cuya historia girara en torno al Metro para solo encontrarse con la negativa de los directivos de éste a realizar su trabajo, con el pretexto de que el guión denigraba a sus usuarios. Paz Garciadiego, guionista de cabecera y esposa de Ripstein, comentó en alguna entrevista que a su parecer ya era demasiado denigrante usar las estaciones y andadores mostrando acción con un toque gore como la de la anteriormente mencionada película hollywoodense.

El Metro hoy día es moneda de cambio populista, es el camino de vuelta a la Ítaca de cualquier Odiseo chilango, el lugar de trabajo de algún grupo de rapaces vagabundos de las historias de Dickens, es el mercado de los cuentos de “Las mil y una noches”, es la mítica serpiente naranja que habita en las profundidades de la tierra que te engulle en el origen para vomitarte en el destino a cambio del pago de un tributo. El Metro es el crisol con llama anaranjada donde se funde, se moldea y se transporta la cultura defeña.

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